octubre 24, 2026

El Niño y la inflación: el costo silencioso del alza de precios en la mesa y la salud mental de las familias 

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Por: Alessandra Mendoza

En los últimos meses, las familias y comerciantes de Lima se enfrentan a un desafío diario que golpea tanto el bolsillo como la tranquilidad emocional. Las anomalías climáticas originadas por el Fenómeno de El Niño han alterado las cosechas y elevado los costos de transporte, desencadenando un incremento sostenido en los precios de la canasta básica. Ante esta crisis, los peruanos se ven obligados a cambiar drásticamente sus hábitos de consumo, sacrificando la calidad de su alimentación mientras lidian con un estrés económico que amenaza la salud mental en los hogares.

El mercado: compras “para el día” y el retorno del fiado

El impacto del clima en la economía es una realidad innegable. Portales de fact-checking como OjoPúblico y agencias de noticias han evidenciado en diversos informes cómo los fenómenos climáticos están reduciendo la oferta agrícola nacional, lo cual se traduce en un encarecimiento directo para el consumidor final. A esto se suman los reportes del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), que confirman la presión inflacionaria sobre los alimentos.

Esta tensión macroeconómica se vive crudamente en los pasillos de los mercados. Javier Paredes, un comerciante minorista del mercado de Surco, explica que la crisis climática encareció los productos que los proveedores le entregan. Esto ha modificado el comportamiento de su clientela: “El arroz y el azúcar (…) la gente ahora está comprando más como para el día justo o en menos cantidades”, detalla el vendedor.

La situación es tan ajustada que muchos comerciantes han tenido que volver a antiguas prácticas solidarias para no perder ventas. “Hay caseritos que ya tienen tiempo con nosotros y nos piden que por favor les podamos abrir una cuenta porque cobran a fin de mes o quincena”, relata Paredes.

[Audio parte 1: Javier Paredes comenta sobre el impacto del alza de precios y cómo sus clientes ahora compran “para el día”]

[Audio parte 2: Javier Paredes explica cómo los comerciantes han tenido que volver a dar fiado para no perder ventas]

Malabares en la cocina: el sacrificio de la calidad

Para los compradores, el panorama es aún más desafiante. Gladys, una ama de casa local, resume la angustia diaria de miles de familias peruanas: “La comida, siempre la comida (…) uno va con 100 soles y ya no alcanza”.

Frente a presupuestos asfixiados, la creatividad culinaria se ha vuelto una herramienta de supervivencia. Gladys comenta que para lograr que el dinero rinda, se han eliminado productos habituales y se priorizan platos más económicos y rendidores. “Hay que recurrir a los caldos, a la sopa que es más nutritiva, o hacer torrejas de espinaca con huevos, torrejas de atún, hamburguesas de pollo”, confiesa. Además, admite que ahora debe caminar más para buscar ofertas en distintos mercados o comprar a vendedores ambulantes para ahorrar.

[Audio: Gladys explica los malabares culinarios para ajustar el presupuesto]

El “peaje mental”: incertidumbre y desgaste emocional

Más allá de la mesa, el impacto de no poder cubrir las necesidades básicas tiene un fuerte correlato psicológico. La especialista en psicología consultada para este reportaje advierte que esta crisis constante genera un desgaste profundo. “Cuando una persona tiene que estar constantemente pensando si el dinero le va a alcanzar, puede mantenerse en un estado de preocupación permanente”, explica. “Aunque los aumentos de precios parezcan pequeños, cuando se acumulan pueden generar estrés, irritabilidad, cansancio mental e incluso dificultades para dormir”.

Esta “alerta constante” no solo afecta al individuo, sino que fractura la armonía del hogar. La psicóloga señala que la frustración e impotencia por no poder comprar los alimentos de antes puede derivar en conflictos. “Cuando existe una preocupación económica constante, las personas pueden estar más irritables o tener menos paciencia. Esto puede hacer que una preocupación por el dinero termine convirtiéndose en discusiones familiares”, advierte.

El Fenómeno de El Niño deja a su paso una huella que va mucho más allá de los daños ambientales o de infraestructura. Su impacto más silencioso y prolongado se instala en la mesa vacía y en la mente abrumada de los peruanos. Mientras los precios fluctúan, las familias peruanas siguen demostrando una enorme resiliencia; sin embargo, resulta urgente que el Estado implemente políticas de apoyo y contención, no solo económica, sino también para salvaguardar la salud emocional de una población que vive, día a día, al límite de sus capacidades. 

[Escucha aquí la presentación de la psicóloga Rocío León]

[Audio: Rocío León explica cómo la preocupación económica constante desencadena estrés y conflictos familiares]

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