El fútbol femenino en el Perú vive una situación con muchos altibajos. Mientras los clásicos en Lima han llegado a romper récords históricos de asistencia en las tribunas y cada vez encuentras a más mujeres en academias intentando formarse para alcanzar su sueño de ser futbolistas, la estructura interna del campeonato profesional se resquebraja debido a la precariedad económica, la falta de garantías logísticas y deficiencias críticas en la infraestructura deportiva. La reciente deserción de planteles del torneo, sumada a las denuncias de las futbolistas sobre las deplorables condiciones de sus contratos y entrenamientos, ha generado una duda importante: ¿Estamos ante un crecimiento sostenible de la Liga Femenina Apuesta Total, o ante un espejismo comercial que sostiene su éxito sobre el desamparo de sus protagonistas?

"El fútbol femenino ha crecido notablemente, pero todavía seguimos luchando día a día por conseguir mejores condiciones. El camino es largo y las futbolistas peruanas aún no podemos vivir exclusivamente de este deporte", declaró la atacante Xioczana Canales para el medio Depor.

La deserción de clubes: El colapso logístico fuera de Lima

La temporada dio inicio con una sorpresiva y alarmante renuncia oficial del club Biavo FC a participar en la primera división. Esta deserción obligó a la reestructuración de emergencia del fixture oficial por parte de la  Liga Femenina Apuesta Total 2026, afectando directamente el calendario de competencia de equipos populares como Universitario de Deportes, Alianza Lima y Sporting Cristal. Los insostenibles costos logísticos de traslado, la falta de patrocinadores regionales sólidos y la ausencia de campos adecuados en provincias actúan como un filtro de exclusión que centraliza el torneo y asfixia a los proyectos del interior del país.

A este panorama se suma la crítica situación del club trujillano, Carlos A. Mannucci. La institución carlista enfrenta graves problemas institucionales y financieros que ponen en riesgo su continuidad y óptimo desempeño en la competencia. Si los clubes tradicionales de la máxima categoría y los vigentes animadores del torneo no encuentran un soporte financiero ni garantías básicas para sostener sus planteles de mujeres, la viabilidad de la liga a mediano plazo ingresa a un escenario de absoluta incertidumbre.

La doble jornada laboral y el desamparo contractual

La precariedad no solo golpea a las instituciones, sino directamente a la subsistencia de las deportistas. Un informe de investigación académica emitido por PuntoEdu de la Universidad Católica revela una cruda realidad existe una marcada e injusta brecha salarial que obliga a las jugadoras profesionales a subsistir bajo esquemas de informalidad. El estudio revela que la gran mayoría de las jugadoras de fútbol femenino Perú no percibe un sueldo mínimo legal, y los vínculos contractuales cubren apenas los cortos meses de competencia activa.

Esta situación obliga a las futbolistas a sostener una "doble jornada". Tener que entrenar en altos niveles de exigencia física por las mañanas y trabajar en empleos independientes o de oficina por las tardes para cubrir su canasta básica familiar y costear sus propios pasajes de traslado. Esta falta de estabilidad económica repercute directamente en los procesos de nutrición, descanso y prevención médica, limitando de forma drástica el nivel competitivo de la liga.

A pesar de estas crudas dificultades socioeconómicas, las protagonistas reconocen un cambio en la percepción social. La experimentada goleadora de Alianza Lima, Adriana Lúcar, destacó para El Comercio que hoy en día existe un avance cultural innegable en el país: "Hoy es mucho más normal ir a una cancha y ver a niñas y jóvenes jugando fútbol en espacios públicos", puntualizó, remarcando que el arraigo popular de la disciplina avanza a una velocidad muy superior que la gestión directiva de las entidades deportivas.

Derechos de transmisión y visibilidad en disputa

A la par de las carencias físicas y salariales, la Liga Femenina enfrenta serios problemas en su ecosistema de difusión comercial. Instituciones emblemáticas como Alianza Lima han alzado su voz de protesta contra las disposiciones de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), denunciando de manera pública la falta de transmisión televisiva y coberturas oficiales para diversos partidos del campeonato. Las jugadoras acusan que la falta de pantallas reduce drásticamente el valor de exposición para los auspiciadores privados, perjudicando de forma directa el ingreso de nuevos patrocinios que ayuden a financiar mejores campos e indumentarias.

La solución integral para salvaguardar el fútbol femenino en el Perú no requiere de subsidios benéficos, sino de reformas estructurales y fiscalización severa. El cúmulo de noticias nos ayuda a entender que la FPF debe endurecer los requisitos de licenciamiento y obligar a las dirigencias a transparentar los presupuestos recibidos por derechos de televisión, asegurando que un porcentaje fijo sea destinado a la firma de contratos de doce meses y al mantenimiento de campos de césped natural aptos para la alta competencia. Mientras los directivos continúen tratando al torneo de mujeres como un gasto decorativo y no como una unidad de negocio rentable, las bases del balompié femenino peruano continuarán siendo las de un torneo poco serio y amateur.

El desafío del Fútbol Femenino

En conclusión, el verdadero partido del fútbol femenino en el Perú no se está jugando en los noventa minutos de juego, sino en la planificación a largo plazo de sus instituciones corporativas. El respaldo de las hinchadas en la taquilla ha demostrado con creces que la disciplina dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad comercial atractiva y autosostenible. Sin embargo, mientras persistan las deserciones por falta de presupuesto logístico, las canchas de entrenamiento inadecuadas y la necesidad de una doble jornada laboral para sobrevivir, el crecimiento seguirá siendo una iniciativa empujada por el sueño y persistencia de las propias jugadoras y no por un sistema profesional consolidado. El balompié femenino ya demostró su valor en las tribunas, ahora le toca a la dirigencia demostrar que está a la altura de la historia.